Hace frío

Cada mañana al despertar siento frío en los pies. Debería ponerme calcetines porque a menudo suelo resfriarme por esta razón y es tremendamente absurdo. Sin embargo, no lo hago porque todas las noches noto que mis pies necesitan liberarse de su opresión diaria. Respirar y descansar. A veces siento que eso debe ser una idea simplificada de la libertad. Capacidad para decidir e incapacidad para escapar de las consecuencias de nuestras decisiones. Otra de las numerosas tragedias del ser humano y van ya unas cuantas.

Lo siguiente que pienso al abrir los ojos es que soy pobre. No excesivamente pobre pero lo soy. O precario más bien. No entiendo por qué nadie ha hecho aún el obvio juego de palabras y ha llamado a esta época la era de los becarios y precarios. O mejor, la época de las becarias y precarias. Porque yo al menos aún tengo la suerte de no ver mi vida bajo un sistema que me amenaza por los genitales con los que nací. Pero estoy solo y soy precario pese a tener un trabajo estable. Posiblemente debería mostrar una cara de esperanza y alegría a pesar de todo pero paso. No he venido aquí para fingir ni esconder lo que me duele y desespera. Pretendo escribir desde las entrañas y la única forma que conozco es ser brutalmente sincero. Además, dudo que alguien lea esto. Y si alguien lo hace dudo que le importe que sea un triste.

Últimamente oigo mucho hablar de la guerra cultural. No esconderé mi ignorancia y haré creer que sé exactamente de qué va. El caso es que no dejo de pensar que si hay una guerra hay guerreros que la libran y me llama mucho la atención el término guerrero cultural. Me gustaría ser un guerrero en favor de alguna causa en la que crea profundamente e ir a por todas. Jugarme la vida por mis semejantes y por quienes están aún más abajo en la pirámide social. Sean quienes sean. Inventar proclamas, crear imágenes que queden en la retina, gritar en la calle, realizar incursiones y dar guerra a aquellos que nos oprimen. Mucha guerra. Y joderles la vejez, como decía la canción. Quizá así me sintiera menos triste. Si consagrara mi vida a una causa en favor de aquellos a los que siempre nos están pisoteando. Sean del color, raza, país, sexo, credo o equipo de fútbol del que sean. Por lo menos sentiríamos calor humano.

Porque aquí, solo, hace demasiado frío.

3 comentarios sobre “Hace frío

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