Tattoo & body piercing art

De un tiempo a esta parte he ido adquiriendo conciencia de la importancia que tiene la percepción que tenemos sobre nuestro propio aspecto. Eso que hoy en día se llama ‘marca personal’ y tiene que ver tanto con la personalidad y la actitud como con la presencia física. En esto último, precisamente, quiero sumergirme, porque me parece que muchas veces es el paso más difícil de asumir.

Como tantas otras personas yo también me he tatuado y perforado el cuerpo en las últimas décadas y aunque no me considero especial por llevarlos si creo que hablan de mí mejor que muchas anécdotas que puedan contar aquellos que me conocen. Hablan mejor, al menos, de cómo me veo yo y de cómo me gustaría que me vieran los demás. No solo los tatuajes, que me cubren pecho y brazos, también la forma en que llevo rapado el pelo, la barba o las dilataciones de las orejas o las perforaciones ocultas a simple vista. Estos elementos han construido mi identidad a través de los años y me hacen diferentes a los demás.

En mi caso me ayudan con mi autoestima. Cuando tenía quince años era un cero a la izquierda para la gente. No me refiero a que no fuera popular sino a que no solían tratarme bien. Aprendí a esconderme para evitar que siguieran haciéndome daño y lo aprendí muy bien. Hasta que llegó un momento en el que viré el rumbo. Ya me había tatuado alguna cosa pequeña pero tras una ruptura amorosa que fue bastante jodida me rapé la cabeza y decidí sacar las plumas de colores para exhibirme y con ello toda mi personalidad.

Les guste o no ahora tendrán que verme.

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