Cíclope

Durante muchos años tuve un amigo que era gilipollas.

Digo ‘era’ porque dejó de ser mi amigo. Gilipollas imagino que sigue siendo porque lo suyo no se curaba con facilidad. Como no quiero estar refiriéndome a él continuamente como ‘mi amigo el que era gilipollas’ voy a llamarle Cíclope. Es un nombre en clave que le viene como anillo al dedo. Terminó siendo alguien tan obtuso, brutal y primitivo como se supone que eran los cíclopes. Tan incapaz de sentir empatía por cualquiera que no fuera él que a veces me pregunto como pude tolerarle tanto tiempo. Seguramente sea porque hubo una época en que yo también era gilipollas. No tanto como él y, desde luego, sin ninguna mala intención pero lo fui. No me cabe otra explicación.

Al principio se presentó como alguien leal dispuesto a cerrar filas ante cualquier amenaza que sufrieran los ‘suyos’. Asumía un papel paternalista que para alguien lleno de inseguridades resultaba reconfortante y cómodo. Poco a poco, Cíclope, fue imponiendo una personalidad que exigía una serie de actitudes a sus amigos que no siempre cumplía él mismo. Todos asumimos que Cíclope era como era y así había que aceptarle. Durante muchos años (cerca de una década) todo parecía transcurrir sin mayores problemas de amistad. Pero todo reventó el día que se enorgulleció de haber hecho daño a alguien del grupo. Sólo porque el creía que había que meterle en vereda. Sin saberlo, (ni el, ni yo) significó una grieta en nuestra amistad que fue insalvable. Diría que fue tan cruel que no pude tomar otro camino que no fuera posicionarme en su contra pero lo triste es que no fue así. Cíclope se salió con la suya y todos le dejamos hacer contra aquella persona. En algún momento incluso alabamos su actitud firme y responsable. Lo sé, es algo terrible. No obstante, algo había despertado en mi que subió como una lava incontrolable. Mi mente fue ordenando uno a uno todos los episodios en los que él se había comportado como el ser primitivo, cruel, narcisista y absurdo que era y una mañana, al despertarme fui incapaz de seguir sintiendo que éramos amigos. Me convertí en ‘Nadie’ y no volví a hablarle. Ni para despedirme ni para darle una explicación que ni merecía ni sería capaz de valorar. Esa fue mi lanza en su único ojo. Y nunca miré atrás con arrepentimiento.

Que te jodan, gilipollas.

4 comentarios sobre “Cíclope

  1. Yo creo que todos hemos sigo gilipollas alguna vez. Y conozco muy bien la experiencia que aquí describes. Al menos la de dejar de «ver»… Aunque en mi caso eso se hizo extensible a todo «mi» mundo. No era gilipollas, entonces. Pero desconocía el precio, aunque lo intuía, que iba a pagar por ello.

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